En el mundo capitalista, las empresas privadas predominan por encima de todo, mientras que en los países comunistas lo hacen las empresas de tipo público. Se basa en la creencia de cada uno de los sistemas y de las oportunidades de negocio existentes. Mientras el capitalismo defiende un modelo dominado por la propiedad privada y que separe los bienes en función de quien sea el propietario, el comunismo se aferra al bien común en un mundo donde todo es de todos. Hoy en día, no hay un modelo que sea un hecho que sea mejor que el otro. Estados Unidos es el gran gigante mundial dominado por un mundo capitalista, y ahora proteccionista desde la llegada de Donald Trump, mientras que Rusia, un país claramente comunista también compite por la supremacía mundial. En medio de los dos, aparece la República Popular de China, que pese a tener raíces comunistas, los expertos avisan que su crecimiento se ha basado en un sistema híbrido.

¿Qué es una empresa privada?

Una empresa privada se diferencia de la pública por el tipo de propiedad que existe. Es totalmente privada, sin acciones gubernamentales aunque existe la excepción de la educación donde en las escuelas concertadas hay un tipo de propiedad compartido entre el gobierno e inversores privados. En Europa, la privatización de las empresas son mayoritarias y representa a nivel macroeconómico el principal aporte económico a las arcas públicas en concepto de impuesto de sociedades. De esta manera, en función del número de ganancias que declaren a la Hacienda pública, el gobierno les cobrará un tanto por ciento siguiendo el tipo de impuesto progresivo que graba en España. En líneas generales, la propiedad de la empresa se divide en un conjunto de inversores, cada uno de los cuales, cuenta con un tanto por ciento determinado de acciones aunque existen casos donde el poder de una compañía puede recaer totalmente en los hombros de una sola persona. El propietario único está para lo bueno y para lo malo. Los beneficios recaen totalmente en su figura pero también debe ser capaz de responder a todas las deudas que se puedan contraer.

El empresario tiene libertad de acción, aunque existen ciertas limitaciones en función del país donde se opere, el tipo de producto que se comercialice y el tipo de competencia que puede tener en el mercado que actúe. Por ello, a la hora de establecer una nueva sede se realiza un exhaustivo estudio para saber el nivel de rentabilidad que puede aportar a la empresa privada. Este tipo de compañía pone a la venta un producto, bien o servicio que provoca una reacción en los demandantes en función de diferentes aspectos como el precio, la imagen de la marca y la oferta que haya en el mercado. Si una empresa tiene el monopolio contará con la libertad absoluta para hacer con ese producto lo que quieran. En cambio, si tiene competencia deberá estar atento a las acciones que estos puedan llevar a cabo. El petróleo es uno de los grandes ejemplos. Se conoce como un modelo de cártel y donde varios países se ponen de acuerdo a la hora de subir y bajar el precio, controlando absolutamente el mercado. Son considerados ilegales, y este es el único caso que se puede encontrar en el mundo.

Las empresas privadas están solos ante el peligro. Mientras las empresas públicas cuentan con un apoyo financiero independientemente de los resultados a través de los impuestos de los ciudadanos, las privadas tienen el objetivo principal de conseguir el máximo número de beneficio y deben enfrentarse a la cuenta de pérdidas y ganancias con sus resultados de éxito. En caso de tener algún tipo de problema económico o de tipo legislativo, el Estado no se hará responsable bajo ninguna circunstancia. Si entra en concurso de acreedores, es decir, que no cuenta con fondos para hacer frente a los pagos y acaba en bancarrota no lo rescatará. La única excepción ha tenido lugar con las entidades bancarias, a quien la Unión Europea recuperó para no dejar sin crédito al país español una vez estalló la burbuja inmobiliaria y que se pudiera seguir prestando dinero. La relación con los stakeholders de una compañía también está determinada por la competencia. Un accionista solo le interesa ganar el máximo número de dinero, y se aliará y fidelizará con aquella empresa que le dé eso. Si no es nuestra compañía nos abandonará y se irá a la competencia.

Ventajas de una empresa privada

Con todo, las empresas privadas cuentan con enormes ventajas para todos aquellos que deseen invertir en este tipo de corporaciones. Las más destacadas son las siguientes:

  • Meritocracia para el empresario. A diferencia del sistema comunista donde todo es compartido entre todos, independientemente de los méritos realizados, las empresas privadas conseguirán beneficios a través de los resultados obtenidos.
  • Beneficios totales para el empresario. Las empresas públicas tienen que compartir sus beneficios con el gobierno y el Estados. En la privada, además de los impuestos de sociedades que se deben pagar por ley, todos los beneficios van al empresario.
  • Capacidad de crecimiento. El sistema comunista no permite a las empresas seguir creciendo debido a este sistema común. Las empresas privadas regidas por un sistema capitalista tienen una enorme capacidad de crecimiento si su negocio es bueno.
  • Un ambiente internacional. La privatización de las empresas permite la internacionalización de las mismas para aumentar los beneficios conseguidos. En este sentido, son capaces de ofrecer a sus trabajadores un ambiente internacional con la posibilidad de cambiar de país si así lo desean.

Las nuevas tecnologías, y la aparición y proliferación de la informática, ha permitido crear nuevas oportunidades de negocio e invertir online. Amazon, sin ir más lejos, es el claro ejemplo de ello. Se ha convertido en la tienda con mayores operaciones a nivel mundial sin tener ningún punto de venta físico. Sin duda, la globalización que aporta el mundo Internet ha revolucionado las oportunidades de negocio que existen actualmente en los diferentes mercados a nivel mundial.

Tipos de empresas privadas

Así, dentro de las empresas privadas se pueden realizar diferentes clasificaciones que vale la pena conocer si queremos lanzarnos a la aventura de emprender algún tipo de negocio que algún día se convierta en un modelo de éxito. En función del tipo de negocio podemos encontrar a las empresas unipersonales, las cuales son propiedad de una sola persona y que puede operar por él mismo (se conoce como microemprendimiento) o dar trabajo a diferentes personas para que trabajen en el producto final que permitirá un beneficio y repartir los mismos, según el sueldo de cada uno. Por otro lado, también existen las asociaciones o empresas corporativas que se dan cuando un grupo de personas deciden asociarse con la meta común de obtener un beneficio, que posteriormente se repartirán a partes iguales entre ellas. Dentro de esta clasificación veremos otra, según el tipo de sociedad que se acabe creando. Finalmente, también podemos encontrar una corporación donde existe un grupo de accionistas, que a su vez, contrata a un equipo directivo que presidirán los consejos de administración. En este sentido, la propiedad no es la que acaba realizando las acciones de dirección, sino que dicha responsabilidad recae en personas diferentes.

Las empresas privadas también se pueden conocer como sociedades. En España, contamos con cuatro grandes tipos de sociedades. La más repetida en nuestro país es la sociedad de responsabilidad limitada debido a que el único capital que se invierte es el que decide el empresario, siendo 3.000 euros la cantidad mínima exigible para que un notario pueda firmar el acta de creación de una sociedad. La ilimitada, en cambio, también compromete al capital personal del administrador que podría verse obligado a utilizarlo en caso que existan deudas que se deban pagar. Cada uno de los socios cuentan con participaciones, mientras que en las sociedades anónimas se cuentan con acciones.

Precisamente, en las de tipo anónimo se requiere un capital mayor para su constitución. Es de 60.000 euros, y en el momento en que se realiza la escritura, el accionista mayoritario está obligado a desembolsar un total de un 25% de golpe. Las acciones se pueden comprar y vender libremente, y ese es uno de los principales hándicaps en contra ya que controlar la empresa es más complicado con la presencia de personas ajenas a la propia compañía, aparte que el capital mínimo exigido es mucho mayor que en el tipo anterior. Las sociedades de tipo colectivas ofrecen un tipo de compromiso mucho mayor ya que los accionistas de la propia compañía son trabajadores también de la misma. Sin embargo, no se requiere ningún tipo de capital mínimo exigible para su constitución. En esta misma línea, la sociedad comandita diferencia a dos tipos de socios diferentes: aquellos que tienen una responsabilidad ilimitada y aquellos que invierten lo que quieren y no participan directamente en la gestión de la misma. Con todo, las empresas privadas representan la mayoría del tejido empresarial que hay en España actualmente y parecen el camino a seguir a nivel profesional.

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